Educando a Niños y Bebés. El Reto
Para ayudar al niño en su desarrollo, hay que asegurarle una cierta libertad en sus actividades y, al mismo tiempo, hacerle sentir también una cierta seguridad que resulta especialmente de la autoridad que sobre él ejercemos.
Es equivocado contraponer, como generalmente se hace, la libertad y la autoridad, como si fueran dos modos de educar opuestos. Son, por el contrario, dos necesidades complementarias del niño.
Debemos dejarle en libertad para moverse por la casa, correr al aire libre, para elegir sus juegos o incluso si decide ponerse un jersey rojo, siempre que todas estas cosas no perjudiquen a él ni a los demás.
El niño necesita, no obstante, ejercitar su libertad dentro de ciertas reglas; las espera de nosotros como un parapeto construido para su seguridad.
Y tiene necesidad de que con nuestra autoridad se las hagamos observar. Podemos señalar que el niño pequeño siente esa autoridad como cosa natural y que es profundamente sumiso a ella, aún cuando de momento responda con un “NO” a nuestros requerimientos. Una de las primeras palabras del bebé (desde antes de los 2 años) en sus relaciones con el adulto es: no. Dice “no” cuando se le ofrece una galleta, pero la come. Le encanta llevarle alguna cosa a su mamá, pero le encanta igualmente negársela. Obedecer, desobedecer, equivalen, para él, a hacer y no hacer; en ambos casos se trata de probar a afirmarse; está contento de obrar “para” y “contra” el adulto.
Tu hijo está entrando en la fase de oposición, en donde los accesos de cólera, las rabietas y los lloros son más frecuentes. Es precisamente en esta fase de 2 a 3 años, en la que el niño conquista ásperamente un escalón más en su independencia. Señala el paso del bebé a la infancia. Pero por mucho que quiera ser independiente, sigue dependiendo de los demás todavía. Y se encoleriza tanto contra sus propias debilidades como contra la autoridad de los demás.
Cuando tengáis entre vosotros dos las cosas claras, será el momento de empezar a enseñar a vuestro hijo unas pautas de comportamiento concretas. Pero por favor, no discutáis delante de él y mucho menos os desautoricéis el uno al otro. A partir de ahora es importante mostrar firmeza en algunos puntos concretos y resistir al niño si le viene la idea de hacer alguna tontería o algo malo y, sobre todo, distinguir entre lo que puede ser grave y nocivo de lo que realmente no tiene importancia.
Muchas veces somos los padres los que destruimos nuestra propia autoridad:
La perdemos prohibiendo y ordenando continuamente y sin necesidad mil detalles de conducta, amenazando con una serie de castigos que no llegamos a cumplir. La perdemos también irritándonos, lamentándonos, discutiendo largamente. Asimismo, la perdemos cuando los esposos, no hacemos más que gritar, reñir y criticar entre nosotros, en presencia del niño. El niño imita los modelos de los padres, no podremos exigir un comportamiento en un hijo, si nosotros primero como padres, no lo vivimos y practicamos.
La autoridad se acrecienta con la firmeza tranquila y silenciosa, paciente y constante, acompañada de confianza y afecto.
El interés por la lectura puede ser sugerido al niño de una forma sencilla, espontánea y duradera
Todos sabemos que es sumamente importante que los niños adquieran el hábito de la lectura, pero la gran dificultad reside en la falta de conocimiento de muchos padres en cómo situar a su hijo en este camino.
El interés por la lectura puede ser sugerido al niño de una forma sencilla, espontánea y duradera. El niño que empieza a tener contacto con los libros desde muy pequeño, antes mismo de aprender a leer, simplemente ojeándolos, según algunas investigaciones, se encontrará más preparado para tener éxito en los estudios y en la vida de una forma general.
El acto de leer o simplemente de ojear un libro hará niños más inteligentes, imaginativos y creativos. Y si eso es lo que quieres para tu hijo, no pierdas el tiempo. Empieza hoy mismo a construir ese hábito diario tan enriquecedor para él y para todos. Empieza ya a hacer de tu casa una gran biblioteca.
Fomentar la lectura en los niños y niñas
1 - Para empezar, es necesario que tu hijo te vea, siempre que sea posible, con un libro en la mano. Los niños sentirán más interés por leer un libro si ven que este hábito está presente en su entorno. Piensa que a los niños les encantan copiar. Que es su forma de aprender. Si ellos notan que les gusta leer y que tratan los libros con cuidado y respeto, ellos probablemente, harán lo mismo.
2 - Es necesario estar convencido de que la lectura debe ser empleada como una forma más de diversión y no como una obligación. Los libros no deben ser introducidos al cotidiano del niño solo cuando él esté aprendiendo a leer o solo cuando él ingrese en la escuela. El contacto con los libros debe empezar bien antes. Yo diría que antes mismo de empezar a gatear.
3 - Cuando el bebé consiga sentarse firme en el suelo o en la cuna, ofrézcale libros para que los maneje. Existen en el mercado pequeños y curiosos libros hechos con tela, e incluso con material plástico indicados para el juego a la hora del baño. Existen también pequeños diccionarios para que tu bebé se vaya familiarizando con las palabras, las letras, relacionándolas poco a poco a la imagen. El secreto a esta edad, es hacer con que el bebé vea el libro como un juguete más, con el cual podrá aprender, tornarse mayor, descubrir, crear fantasías, y oír muchas historias interesantes y encantadoras. Al principio, trate de dar preferencia a los libros ilustrados, con pocas palabras, y haga con que tu hijo lo toque, lo acaricie, lo huela, y tenga todo tipo de contacto con ello. Existen libros que contienen sonidos incluidos y también trozos de lana, y de otros materiales para que los bebés disfruten también con el tacto. ¡Los hay también con olores!.
4 - Cuando estén un poquito más mayores, lo ideal es leerles en voz alta, siguiendo siempre las historias del libro. Dé importancia especial al tiempo que dedica para tomar a sus hijos en los brazos y compartir con ellos el placer de leer un cuento, lejos de las distracciones de la televisión. Empieza con los cuentos tradicionales, clásicos, pero fundamentalmente elija libros que agraden a todo el mundo. Si un libro resulta aburrido, olvídelo y busque otro que sea interesante.
5 - Cuando tu hijo ya esté a una edad en que consiga estar más quieto en los lugares cerrados, llévale a visitar una biblioteca. Que el niño se familiarice con los libros, aprenda a manejarlos y así estará construyendo una amistad, un lazo con la lectura. Se sentirá más cercano al lugar y deseará volver muchas veces para elegir el libro que quiera.
6 - Otra forma de estimular el interés del niño por los libros, es convertir un libro en un premio. Cada vez que tengas que premiar a tu hijo por algo importante, regálale un libro sobre su tema preferido.
7 - Cuando tu hijo ya esté disfrutando de los libros hágale participar de la lectura. Cuando termine de leer el cuento pídale que le cuente lo que pasó con algún personaje, o incluso haga con que tu hijo adivine lo que pasará al final. Aproveche para hacer comentarios sobre las situaciones buenas y malas, y hacer comparaciones de un trozo de la historia con sus experiencias, como “¿qué harías en su lugar?”¿, “¿A qué nos ocurrió lo mismo un día?”.
8 - Así que sientas que tu hijo ya se interesa por las historias, que se involucra con la trama, se identifica con los personajes, empieza a participar y a imaginar distintos finales, y a vivir variadas sensaciones riéndose, emocionándose, etc, no dejes de sorprenderles con nuevos cuentos. Dé continuidad a esta costumbre abasteciendo siempre vuestra casa con libros y además de revistas.
Fuente:enfemenino.com
