Alergia al Huevo en Niños y Bebés. Otras alergias alimentarias
En la alimentación del bebé se suele introducir el huevo a los 12 meses de edad. Cuando un niño es alérgico a este alimento suele tener una reacción en la primera toma.
Los signos de la reacción alérgica empiezan por la piel que rodea la boca, esta se enrojece e incluso le puede aparecer urticaria, empezando primero en su cara y extendiéndose por todo el cuerpo. Algunos niños pueden llegar a sufrir dificultades respiratorias.
Debemos fijarnos en el bebé ya que a menudo, rechaza totalmente el alimento, esto puede ser ya un síntoma, entonces deberemos retirarlo y acudir al médico.
A los niños que se les diagnostica alergia al huevo, no se les puede dar de ninguna manera. Ni fritos, ni sólo la yema o la clara, ni tan siquiera en cantidades mínimas.
Por tanto debemos leer las etiquetas de los productos elaborados que utilizamos para su alimentación. Pero cuidado, algunos productos llevan huevo sin identificarlo en la etiqueta, te preguntarás ¿por qué?, en el caso de España, la legislación permite no declarar los ingredientes usados en pequeñas proporciones.
Lo mejor que puedes hacer entonces, es ponerte en contacto con la Asociación Española de Padres y Niños Alérgicos a los Alimentos, aquí disponen de listados de marcas que suelen hacer daño a los niños alérgicos.
Prevencion
La alergia a los alimentos ocurre cuando el sistema inmune reacciona frente a una sustancia concreta (alérgeno) que es bien tolerada por la mayoría de personas. El alérgeno es principalmente una proteína de un alimento con la que el afectado entra en contacto por ingestión, contacto o inhalación. La reacción más común es la formación de anticuerpos IgE (inmunoglobulina E)
El proceso es el siguiente: la primera vez que se ingiere el alimento causante de alergia, el organismo produce las IgE específicas dirigidas contra alguna proteína de ese producto; en la segunda vez, los anticuerpos reaccionan contra la comida estimulando la fabricación de histamina y otras sustancias químicas (llamadas mediadores) que causan los síntomas de la alergia: urticaria, eccema, angioedemas (se hinchan los labios, los dedos de las manos, de los pies, etcétera), dermatitis atópica y shock anafiláctico -poco frecuente- si la reacción alérgica afecta a varios órganos, y que puede comprometer la salud del bebé.
Las manifestaciones clínicas en la alergia pueden tener un inicio agudo durante los primeros seis meses de vida, con diarrea grave, vómitos, dolores abdominales, fiebre, etc.; o un inicio tardío que cursa con retraso en el crecimiento (peso y talla), heces voluminosas, distensión abdominal y signos de malnutrición como anemia ferropénica (por mala absorción de hierro).
El 50% de las alergias alimentarias se desarrolla en el primer año de vida
La alimentación del niño en su primer año de vida es decisiva para potenciar las defensas naturales de su organismo frente a alergenos alimentarios. Expertos en alergología coinciden en que la alimentación materna debería mantenerse, al menos, en este primer año y retardar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos como aquellos que contienen gluten (papillas con trigo, avena, cebada o centeno), leche de vaca, huevos, pescado y soja hasta pasados los 12 meses de edad; sobre todo cuando existen antecedentes genéticos familiares que predisponen a sufrir alergias.
La susceptibilidad a uno u otro alimento varía también según la edad
En el primer año de vida, las mayores amenazas suelen centrarse en la leche, los huevos, el pescado y los cereales.
En el segundo, los alimentos que causan más problemas son las frutas (sobre todo las rosáceas: melocotón y albaricoque) y los cítricos. En el tercer año de edad, pasan a formar parte de la lista el pescado y los frutos secos (cacahuete, avellana, nuez y almendra).
La duración de estos cuadros a lo largo de la vida también es variable. En el primer año de vida la alergia a la leche, por ejemplo, suele ser transitoria, solucionándose a los 18-24 meses. En cambio, la alergia al huevo suele durar 10 ó 15 años o toda la vida. La hipersensibilidad a los frutos secos y pescados también es duradera.
Por otra parte, en un informe que publica el Boletín del Consejo Europeo de Información Alimentaria (EUFIC), advierten de que las alergias alimentarias varían según los alimentos complementarios locales: Por ejemplo, las reacciones al arroz son más frecuentes en Japón que en Europa, y lo eran las reacciones a los cacahuetes en EEUU, hasta su reciente aumento en Europa.
El tratamiento dietético de estas alergias es el más eficaz y consiste en suprimir los alimentos alergizantes. De esta manera se consigue que al cabo de unos años el sistema inmunológico se normalice, y en muchas ocasiones, el niño acaba tolerando los alimentos que le producían alergia.
Sin embargo, en numerosas ocasiones la dieta de eliminación pueden plantear inconvenientes, puesto que hay sustancias alergizantes que no aparecen en las etiquetas (alimentos ocultos). No existen tampoco normas claras al respecto y algunos alimentos o sustancias cuando se encuentran en proporciones bajas no se incluyen en el etiquetado.
ALIMENTOS MÁS PROBLEMÁTICOS
Leche de vaca: Se produce por un rechazo a las proteínas lácteas, y se manifiesta con síntomas cutáneos (eccema, urticaria), digestivos (flatulencia, diarrea) y respiratorios (asma). Una vez establecido el diagnóstico el único tratamiento realmente eficaz es una dieta estricta de eliminación de dichas proteínas, ya que pequeñas cantidades, aunque no produzcan síntomas, pueden favorecer la persistencia o el aumento de la sensibilización. Como sustitución, existen las fórmulas con otra fuente proteica intacta (soja) y las fórmulas extensamente hidrolizadas. Las fórmulas parcialmente hidrolizadas nunca deben emplearse en el tratamiento de la alergia a la leche, ya que un porcentaje de sus proteínas puede conservar todo su poder alergénico. El pronóstico de la alergia a las proteínas de la leche es favorable, remitiendo la mayor parte de los casos antes de los 3 años de evolución. En ocasiones esta alergia no es diagnosticada, y favorece alergias a otros alimentos.
Huevo: Las proteínas de la clara son las más problemáticas. La dermatitis atópica y el asma son manifestaciones habituales de alergia al huevo. Esta alergia suele aparecer antes de los 2 años y desaparecer de 2 a 5 años después de su inicio. El único tratamiento posible es evitar su consumo. Hay que tener en cuenta que existen multitud de productos que pueden contener componentes del huevo, y no siempre estará indicado en las etiquetas.
Quesos madurados: Las proteínas lácteas que contienen pueden causar alergia. También la lisozima, una proteína del huevo que se emplea en la fabricación de algunos quesos provoca alergia. Las aminas que contienen los quesos curados, tales como tiramina e histamina, favorecen las reacciones alérgicas.
Pescados y mariscos: Sus propias proteínas, la histamina que se forma al descomponerse (proteína de alto poder antigénico) y el parásito Anisakis simplex, puede causar reacciones alérgicas más duraderas en su sensibilización y que pueden perdurar décadas e incluso toda la vida.
Especias: Pueden causar alergia por contacto, por inhalación del polvo que desprenden y por ingestión.
Frutos secos: Pueden provocar alergia sobre todo en los niños, y se manifiesta con eccemas, por lo que es conveniente retrasar su consumo hasta pasado el año de edad.
Frutas: Kiwi, papaya, aguacate, plátano, fresas, frambuesas, grosellas son las frutas que con más frecuencia se han identificado como causa de alergia.
REACCIONES CRUZADAS
Al hablar de alergia a un alimento, se ha de tener en cuenta que se establecen familias de alimentos “alergizantes” que pueden provocar reacciones alérgicas en personas sensibles. Es decir, un niño que tiene alergia a la leche de vaca tiene mayor sensibilización hacia la carne de vacuno como la ternera, buey…; quien es alérgico al chocolate, lo puede ser al cacao y al refresco de cola. En la familia de los guisantes se incluyen además cacahuetes, judías secas, regaliz y goma tragacanto (E-413). A la familia de la rosa pertenecen fresas, frambuesas, moras, zarzamoras y otras variedades de frambuesa.
NUEVOS ALÉRGENOS
Continuamente se están descubriendo nuevas sustancias alérgenas. Por ejemplo, el Anisakis simplex es un parásito que contamina a diversos pescados. Sólo si se toma vivo dicho parásito, al consumir pescado crudo o poco cocinado, puede provocar una reacción alérgica. Se destruye con la congelación y con la cocción.
Los aditivos responsables del mayor número de casos de alergia son ciertos colorantes, conservantes y antioxidantes. Aunque siempre deba descartarse un proceso alérgico a fármacos, cuando un paciente, generalmente un niño, presenta urticaria o erupciones más leves tras la ingesta de jarabes de composición distinta, lo más probable es que se trate de una reacción alérgica a los aditivos, colorantes o aromatizantes, de los jarabes. Este tipo de reacciones por aditivos no ocurre casi nunca en las primeras tomas, sino a medida que avanza el tratamiento y el frasco se va terminando. Esto se debe a que estas reacciones son dosis-dependientes, es decir, aparecen cuando es mayor la cantidad ingerida del jarabe con su aditivo (por ejemplo: jarabe con sabor a fresa, plátano…).
CONSEJOS PARA FAMILIARES DE NIÑOS ALÉRGICOS A ALIMENTOS
• Si cree que algún alimento le provoca alergia al niño, consúltelo con su médico y no haga experimentos para confirmarlo.
• Si ya conoce a qué alimento o alimentos es alérgico su hijo, evite que los consuma.
• Compruebe los ingredientes que aparecen en la etiqueta de los productos (si el bebé es alérgico al huevo, por ejemplo, ha de evitar ingredientes como albúmina, lisozima, lecitina si no especifica que es de soja).
• Ponga al corriente a los demás de la situación de su hijo (a los profesores, cuidadores, etc.).
• Cuando el niño coma fuera de casa, pregunte por los ingredientes de las comidas. Si hay alguna duda con respecto a lo que hay en el plato, es aconsejable que no lo coma.
La incidencia de enfermedades alérgicas ha aumentado considerablemente en los últimos años, alcanzando niveles preocupantes que algunos especialistas en Salud Pública y Epidemiología no dudan en calificar de auténtica epidemia, ya que estas patologías afectan a casi el 15% de la población.
- Fuente:bebesymas.com
Las generaciones más jóvenes son las más aquejadas, lo que significa que en los próximos años el número de casos puede experimentar un crecimiento explosivo.
El asma, que en los países industrializados padece el 12% de la población, y la rinoconjuntivitis alérgica, que es la más frecuente, se deben en la mayoría de los casos a los ácaros del polvo, a los pólenes de gramíneas, al pelo de animales y a los hongos, pero también a alérgenos alimentarios.
Así, es cada vez más frecuente encontrar personas que deben prescindir de ciertos alimentos en su dieta, debido a las reacciones adversas que les causan.
Origen de las alergias alimentarias
Las alergias de origen alimentario están experimentando un notable incremento. Su incidencia se ha duplicado en los últimos 25 años, y además de factores genéticos y ambientales, una serie de circunstancias parecen influir decisivamente en el aumento de este tipo de patologías: Entre ellos, destaquemos la introducción de cereales en la dieta de los lactantes, que comienza a universalizarse a partir de la década de los 60. Las proteínas de los cereales poseen gran capacidad alergénica.
Otro factor que explica el aumento de estas alergias es el crecimiento del consumo de frutas exóticas, de reciente introducción en el mercado, a las que nuestro organismo no está habituado. Según la OMS, el bajo peso al nacer es también determinante. Los bebés con peso inferior a 2.500 gramos (el 9% de los recién nacidos en España), muestran una respuesta inmune alterada, deficiente, y son más propensos a las enfermedades alérgicas e infecciosas.
Por último, los especilistas consideran que la supresión temprana de la lactancia materna, para pasar al biberón, es otro factor que explica el incremento de las alergias.
Se estima que el 5% de niños menores de tres años y el 1,5% de la población general padece algún tipo de alergia alimentaria, que en España equivaldría a unos 600.000 afectados La alergia alimentaria infantil es, en la mayoría de los casos, el preludio de ulteriores enfermedades alérgicas respiratorias, como rinitis y asma por sensibilización a pólenes, ácaros, animales u hongos. En el caso de los niños, se dan principalmente durante los dos primeros años de vida. La leche, el huevo y el pescado son responsables del 90% de los casos en los menores de un año, y el huevo se revela como el alimento más alergénico en niños de 1 a 2 años.
El pronóstico de estas alergias es bueno, ya que los niños alérgicos a la leche o al huevo los acaban tolerando, casi siempre, cuando superan los dos o tres años. Pero a partir de los dos años, la lista de alimentos alergénicos se amplía: pescado, legumbres, frutos secos, frutas y mariscos son los que más frecuentes causan problemas.
Alimentos y parásitos alergénicos
Hay alérgenos ocultos, cuya detección resulta a veces casi imposible, presentes en alimentos procesados industrialmente a los que para mejorar su aspecto, color y sabor se les añade sustancias como caseína, proteína de soja, gluten de trigo, derivados de maíz o avena y extractos de levaduras. También el huevo se encuentra oculto en numerosos alimentos, sin que figure en su composición, como en ciertos productos de panadería y pastelería, pincelados con huevo para conferirles aspecto lustroso y brillante. Los individuos alérgicos al huevo deben ser cuidadosos con las vacunas para el sarampión, parotiditis, rubéola o gripe, que contienen cantidades ínfimas de proteínas de huevo, aunque en general suelen ser bien toleradas. Algunas reacciones a dichas proteínas se deben más a la gelatina que contienen que al propio huevo. Las alergias causadas por otros alimentos, como cacahuetes, nueces, pescados y mariscos son más duraderas en su sensibilización y pueden perdurar durante décadas o para toda la vida. En estos casos, hay que abstenerse de tomarlos.
Un parásito del pescado, el anisakis simple, puede provocar alergia, en ocasiones con resultado grave. Este parásito se introduce en el ser humano por ingesta de pescado crudo, en salazón, ahumado, en escabeche o marinado. Se elimina a través del calor y el frío. Por ello, freir, cocer o asar el pescado es fundamental para la prevención. También la congelación es una garantía, ya que mueren las larvas del parásito. Pero debemos evitar el consumo de pescado crudo.
Los síntomas de una alergia alimentaria son urticaria, eczema y prurito o picor (a nivel cutáneo), rinitis alérgica y/o asma (a nivel respiratorio) y náuseas, vómitos, dolores abdominales y diarrea (a nivel gástrico). Pueden presentarse unas reacciones u otras, o varias de ellas combinadas. En algunos casos aparecen reacciones graves, como el shock anafiláctico, broncoespasmo agudo severo, y angioedema de vías respiratorias, que pueden llegar a producir la muerte.
El diagnóstico de la alergia alimentaria no es fácil y constituye, en ocasiones, una labor casi detectivesca. Aunque la edad y las manifestaciones alérgicas constituyen una pista y orientan al especialista, hay que recurrir a pruebas específicas para dar con el alimento culpable.
Cómo detectar las alergias
Las pruebas cutáneas son las más utilizadas. La denominada prick-prick consiste en picar el alimento fresco con una lanceta y a continuación pinchar en la piel del antebrazo del paciente con ese mismo instrumento y analizar la reacción transcurridos 15 minutos. Si el resultado es positivo y se detecta una alergia, se forma una pápula. También se utiliza la provocación alimentaria, consistente en eliminar de la dieta durante dos semanas el alimento sospechoso para luego volver a administrarlo, comenzando con dosis muy pequeñas y observando la reacción que provoca.
La dieta de eliminación es la primera elección cuando se trata de alergias en los niños más pequeños. Se prescinde del alimento sospechoso y se observa una mejoría evidente en pocas semanas, naturalmente siempre que el alimento eliminado sea el responsable. Si de esta manera no se detecta al culpable, puede probarse con la dieta de provocación. Este tipo de pruebas las debe realizar siempre el médico, pues no están exentas de riesgos.
Apenas hay medicamentos eficaces
El tratamiento para las alergias alimentarias consiste en eliminar de la dieta el alimento responsable. Así de sencillo y de rotundo.
No existen fármacos preventivos eficaces ni tratamientos desensibilizantes, al contrario de lo que ocurre con otras alergias.
Algunas dietas hipoalergénicas ofrecen buenos resultados, pero son muy severas y no deben mantenerse durante largo tiempo. Por ello, se han creado otras menos severas que pueden seguirse durante meses.
La prevención de la alergia alimentaria debe iniciarse en la infancia, al poco de nacer. Según la OMS, la lactancia materna exclusiva, la introducción retardada de huevos, pescado y frutos secos, y un suplemento de cinc de 1 miligramo por kilogramo de peso durante seis meses, potencia la inmunidad, especialmente en los nacidos con bajo peso.
Los lactantes alérgicos a la leche de vaca deben ser alimentados exclusivamente con lactancia materna y la madre habrá de seguir una dieta exenta de leche de vaca, huevo o pescado, debido al paso alergénico a la leche materna. En ocasiones, los niños toleran bien la leche de soja o hidrolizada de caseína, que constituyen un buen sustituto en la mayoría de los casos.
Los niños que presentan síntomas tempranos de alergia necesitarán más tiempo para tolerar ciertos alimentos, pero transcurridos unos años podrán (generalmente) volver a consumirlos, introduciéndolos de nuevo de manera paulatina y en pequeñas cantidades.
