Miedos Infantiles hasta los 2 años

Los miedos que aparecen en los niños durante los primeros años de vida acostumbran a ser innatos al ser humano o provocados por un estímulo fuerte. Es bueno conocer los temores que puede tener nuestro bebé para evitarle sustos innecesarios. El miedo es una emoción instintiva y universal que funciona como un sistema de alarma que nos avisa de un posible peligro real o imaginario. Todos los niños tienen miedos que dependen de su edad y del contexto en el que se les educa. Normalmente son miedos leves que se presentan sin razón aparente y que tienden a desaparecer. Pero muchas veces no es así. Muchas veces los miedos nacen, crecen y se instalan cómodamente en la mente del niño, llegando a impedir que lleve una vida normal. Y es que el miedo es una emoción muy sutil que debemos tratar con respeto y delicadeza, pero con firmeza y constancia para evitar que se convierta en un incómodo creador de desasosiegos.
Como es mejor prevenir que curar, si nuestro hijo todavía es un bebé, éste es el mejor momento para empezar a educarle con los mínimos miedos posibles. Lo más importante en esta edad es no provocar sustos innecesarios.
El miedo a los extraños se manifiesta alrededor de los 6 meses y acostumbra a desaparecer hacia el año y medio. Todos los niños suelen reaccionar de una forma muy parecida: si una persona desconocida para el niño lo coge por sorpresa para hacerle alguna gracia es muy probable que se ponga a llorar. Esta reacción, aunque es la más normal, no es automática y depende en gran medida de cómo esa persona extraña se dirige al bebé. Si en lugar de hacerlo de forma brusca, lo hace de forma suave, hablándole en voz baja, sonriendo, estando los padres presentes y en un lugar conocido por el bebé, es posible que el niño le responda con una amplia sonrisa e incluso le tire de los pelos o le dé un manotazo en las gafas en señal de amistad.
Intentar que las personas que se dirigen al niño lo hagan con suavidad. Podemos decirles que antes de coger al bebé, le hablen, se rían, le hagan carantoñas y que luego le ofrezcan los brazos para ver si quiere venir. Es muy posible que manifieste intranquilidad. No debemos forzarlo. A medida que nuestro hijo se familiarice con esa persona se lanzará más a menudo a sus brazos.
El miedo a la separación de los padres y, en especial, de la madre es uno de los temores más consolidados de la especie humana. Aparece antes del año y es normal que desaparezca alrededor de los seis años, aunque en algunos casos se ha mantenido durante mucho más tiempo convirtiéndose en lo que se ha llamado ansiedad de separación.
Cuando el niño se separa de sus padres porque algo le llama la atención no siente ningún miedo, es más fuerte la curiosidad que siente y se lanza a investigar. Pero si sufre una separación forzada, acostumbra a sentirse muy indefenso y desprotegido. Es un tipo de temor que vale la pena tratar cuanto antes porque el niño pronto empieza a vivir experiencias en las que debe separarse de sus padres durante largas horas. El caso más común es el de la escolarización.
El comportamiento de los padres es fundamental para que el niño evolucione correctamente y supere sin problemas el
Potenciando al máximo la autonomía que el niño va adquiriendo a medida que aprende. Respetar aquellas decisiones que él vaya tomando: “No, yo solo que ya sé”, “Mira que bien me peino”, si le vemos que quiere coger algo, no cortarle el camino o decirle que no, dejar que experimente, etc.
Favoreciendo que viva, desde pequeño, ratos de separación, al principio de corta duración y luego más amplios.
A través de juegos de esconderse y encontrarse en todas sus modalidades (desde esconderse la cara en las manos hasta esconderse en un cuarto que esté a oscuras). Este tipo de juegos les ayuda a vivir la separación de una manera placentera y muy educativa, ya que aprenden a saber que cuando no ven una cosa no significa que haya desaparecido.Con grandes dosis de paciencia para dejar que el niño haga las cosas solo: a veces es más cómodo ponerle los zapatos en 2 minutos, que esperar media hora a que lo haga él solito. Si conseguimos ser pacientes y le dejamos que vaya haciendo a su ritmo, le estaremos ayudando a potenciar su independencia.Evitando reñirle si hace cosas mal. Está aprendiendo y es normal que se equivoque. Si le reñimos sólo conseguiremos disminuir sus ganas de aprender o que aprenda con miedo a equivocarse en lugar de disfrutando de sus nuevos logros.
Uno de cada tres niños tiene miedo de la oscuridad. Acostumbra a desaparecer alrededor de los 9 años. El temor a la oscuridad se asocia con miedos diferentes: separación de los padres, soledad, pesadillas, desamparo, etc. No es un miedo innato, es un miedo adquirido a través de un sinfín de imágenes, vivencias e historias que experimenta el niño:
Cuando se explican cuentos infantiles, un recurso muy habitual es relacionar a los malos con la oscuridad: “el dragón vivía en una cueva oscura”, “los piratas atacaron por la noche”, etc.
La vivencia de esta secuencia o similar: por la noche el niño se despierta porque ha tenido pesadillas y llama a su madre con desesperación. Ésta llega y, antes de calmarlo, enciende la luz y acto seguido le consuela.
Cómo actuar ante el miedo a la oscuridad
Cuanto más agradable sea el ambiente en el que duerme el niño, mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas.
Si nuestro hijo pide la presencia de luz, podemos recurrir a un piloto de luz para tranquilizarlo y para que pueda levantarse por la noche si es necesario.
Establecer una rutina muy clara para acostarse: acostumbrar a nuestro hijo a seguir la misma pauta o ritual antes de ir a dormir, promueve la adquisición de hábitos de sueño saludables y proporciona seguridad.
Si el niño tiene pesadillas, consolarle con la luz apagada.
Practicar juegos en la oscuridad: la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos en la oscuridad, el escondite (escondiéndose el padre o la madre en el dormitorio a oscuras del niño), etc.
fuente:solohijos.com
